A finales del mes de abril, viví una experiencia muy profunda.
Me había acompañado una persona que tuvo un lugar muy importante en mi vida, habíamos ido a celebrar su cumpleaños. No me había percatado de que era una experiencia muy extraña para un cumpleaños, hasta este momento que estoy escribiendo jeje. Ahora existimos en lo que compartimos.
Hoy vienen a mi mente esos recuerdos, las lágrimas no pueden evitar salir de mis ojos.
Ese día platiqué con el amor. Se presentó con un rostro. La conversación fue muy corta pero me transmitió mucho. Tenía muchas dudas y el amor, cuando me contestaba, lo hacía con tanta paciencia. Me miraba con tanta ternura, como si no existiera ningún problema. Podía entender de dónde venían mis inquietudes. Algunas de las cosas que me dijo fueron que nunca se ha ido, ha estado “aquí” pero no lo “vemos”. Vemos con todo menos con los ojos. Nuestros ojos son los que menos ven. Podemos ver a través de nuestro cuerpo, de los sonidos, de las frecuencias, de los olores…
El amor está en todas partes, cuando bailamos, cuando contemplamos, cuando nos acostamos, cuando acariciamos, cuando escuchamos, cuando vemos a una persona que queremos mucho enfrentarse a un miedo como hablar en público, o intentar algo diferente sabiendo que le es difícil. Cuando sentimos y experimentamos el amor, nuestro corazón se expande.
¿Cómo podemos empezar a reconocerlo? Intentaré describir lo que sentí y traducir a lo que, en este momento, tiene cierto sentido para mí.
Hemos conocido el amor, pero en algún punto el miedo se apodera de nosotros y no es que algo esté bien o mal, no siento que importe y tal vez no existe, más bien creo que nuestros papás por miedo se colocaron una barrera para cuidarse del exterior. ¿Y cómo podrían enseñarnos? Si les ha tocado experimentar precariedades emocionales y sociales, violencia, abusos, por nombrar algunas de ellas. ¿Y nuestros abuelos? ¿O quiénes les enseñaron a ellos? No ha sido diferente, así se va formando una cadena. En esa cadena cada quien ha transmitido el amor de la forma que le tocó vivir.
Cuando el amor me hablaba me dijo que había dejado de verlo hace tiempo, no era consciente de que nunca se fue, solo dejé de “ver”.
Ese día viví tantas cosas que ahora que lo pienso, todavía no entiendo del todo. La conversación dio pie a cuestionarme más: ¿Es un sentimiento? ¿Un valor? ¿Dejé de sentirlo? ¿Cómo se cultiva el amor? ¿De qué forma he amado? ¿De qué forma quiero amar? ¿Cómo quiero amarme?
Creo que es una energía que reconocemos conforme más nos conocemos y nos conocemos a medida que vivimos y nos compartimos con la otredad.
No podemos conocernos completamente en aislamiento. Es un ciclo de autodescubrimiento de quienes vamos siendo, no somos.
Tenemos miedo de revelar nuestro ser, de permitir que otres entren en nuestro corazón, mente y alma, miedo de ser nosotres mismes, evitamos la intimidad por ser juzgados pero al mismo tiempo buscamos desesperadamente ser amados.
Hoy estoy en un camino de “ver” el amor que habita en mí y abrir mi corazón a través de lo que voy siendo.